Dejen de calentar sillones y empiecen a calentar alientos
Soy de izquierdas. Lo digo sin rodeos y sin esconderme detrás de unas siglas. Pero también creo que todo aquello que sea bueno para la gente, para nuestros pueblos y para la sociedad debe reconocerse, venga de donde venga. La política debería servir para mejorar la vida de las personas, no para obligarnos a elegir entre bandos cerrados en los que todo lo que hace el contrario está mal y todo lo que hacen los nuestros debe justificarse, incluso cuando resulta injustificable. Últimamente me avergüenza encender la televisión y escuchar las noticias. Me cansa asistir cada día a esa competición por ver quién grita más, quién mea más lejos, quién hace más daño o quién consigue humillar mejor al adversario. Es un espectáculo que me rompe el estómago como una bala, especialmente cuando observo cómo la izquierda se divide, se desgasta y se destruye desde dentro. Mientras tanto, escuchamos una y otra vez que viene el lobo. Que lo que viene será terrible. Que nuestros derechos e...